jueves, 1 de octubre de 2015

¡Hola a todos!

Inauguro con este post mi blog titulado "Mi mundo de la Energía" en el que trataré de volcar, a ser posible con una frecuencia diaria, información e impresiones propias sobre este tema, fundamental para el desarrollo de los pueblos y la pervivencia de nuestro planeta.

¿Por dónde puedo empezar? Parece fácil y difícil a la vez. La energía ha sido desde siempre una necesidad para el ser humano, para sus necesidades motoras, de confort, etc. Desde los tiempos más remotos, en los que la energía se manifestaba en sus formas más básicas (fuego, fuerzas mecánicas), hasta la actualidad, cuando es parte absolutamente integrante de nuestras vidas, quizás sin ser plenamente conscientes de ello, la evolución ha sido gradual y, en los últimos siglos, tremendamente acelerada.

En el mundo presente, en gran medida por la insensibilidad de la población del mundo desarrollado, el mundo de la energía está dominado por las grandes compañías multinacionales, que controlan también las decisiones políticas en la materia, y todos los seres humanos (y el resto de seres vivos, e incluso el planeta en general) está en manos de sus actuaciones, tomadas estricta y únicamente bajo el prisma del negocio de hoy.

Esto nos está conduciendo inexorablemente a una catástrofe planetaria en forma de cambio climático, en primer lugar porque se prima el consumo energético al menor coste económico, sin otras consideraciones, y, por otro lado, porque gran parte de la Humanidad se ve privada del acceso a las necesarias fuentes de energía (en su forma más desarrollada)

Todas las voces independientes están así clamando por un cambio de modelo energético, que haga de la energía un bien básico verdaderamente accesible, en cantidad, calidad y disponibilidad, para todos los pueblos del mundo. Es decir, poner al ser humano, al ciudadano en el centro del sistema y convertir éste en "democrático" y plenamente sostenible. Las personas deben dejar de ser simples consumidores de energía y convertirse en productores, gestores y usuarios de la misma, además bajo un modelo energético renovable, distribuido y socialmente asumido.

El modelo energético actual, basado en los combustibles fósiles, es completamente insostenible. Más aún en un país como España que, a pesar de ser referencia mundial en tecnologías renovables, sigue manteniendo una enorme dependencia del exterior (el 85% de nuestro déficit comercial tiene su origen en las importaciones energéticas).

Son necesarios una política económica que evalúe los impactos del cambio climático y que regule de forma más eficiente aspectos como la ordenación del territorio, una política energética que frene este cambio climático y que lo haga favoreciendo la producción de energía mediante modelos renovables, y un Gran Plan de Ahorro de Energía, con mejoras en materia de eficiencia, generación distribuida, autoconsumo, etc.

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